El tiempo transcurre hacia adelante a una velocidad constante, sin intermitencias, ajeno a realidades y construcciones humanas. Sabe que vientos, tormentas, días soleados y brisas seguirán su ciclo, escapándole a los cálculos y a las cajitas previsoras. Sin principios ni finales, ni finalidades y destinos, extraño ante a la "luz" de las pantallas pequeñas y no tanto, inundaciones de ficciones que transcurren en el espacio conectado. En el jardín el viento vuela, toca, siente y acaricia briznas de pasto, siempre... hay ahí, una acción repetida en siglos. ¿Podrá el hombre en un futuro, fabricar la belleza del viento? ¿Contenerlo, publicitarlo y venderlo? Cuán alejado va resultando el mundo humano, ante lo que simplemente, ES. El tiempo, el camino, la vida, el viento, la lluvia acumulada en brotes tiernos, el ojo del pájaro, la visión del tigre... el misterio en la belleza. Natural y auténtica, sin regodeos innecesarios, ni telas cubrientes como simbolos de lugar, poder o posición. Solo la piel desnuda, sin ropas ni mochilas, ni simulaciones de ninguna especie. Simplemente, habita el paisaje, es lo que ES y sabe que un día, las brisas soplarán más fuertemente que de costumbre.
Todo lo sabe, la tigresa del viento.












































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